La risa y la burla en la novela picaresca (I): corpus y teoría de la risa

img-1-small700La novela picaresca constituye un género literario sumamente fértil, con una producción textual notable durante el Siglo de Oro español y con recreaciones que se prolongan hasta nuestros días, las cuales muestran su plena vigencia; una idea somera de esta transcendencia literaria hasta finales del siglo XX la ofrece la bibliografía compilada por J. Laurenti. Por fines metodológicos vamos a restringir nuestro comentario a cuatro novelas que representan la picaresca canónica: el Lazarillo de Tormes (1554), el Guzmán de Alfarache (1599 y 1604), el Buscón don Pablos (1604-1608) y La pícara Justina (1605). La elección de estos textos obedece a que son un testimonio de la eclosión picaresca, entre 1599 y 1608, años críticos para la narrativa del Siglo de Oro (es el mismo contexto de Don Quijote de la Mancha).

El Lazarillo de Tormes, para empezar, posee el papel de fundador del género denominado novela picaresca. Naturalmente, el Lazarillo funda el género solo cuando su lección es aprovechada por Mateo Alemán, autor del Guzmán de Alfarache. Tras la dupla del Lazarillo y el Guzmán, el tercer gran modelo picaresco es el Buscón que debió redactar Quevedo, en una primera versión, alrededor de 1604 y que retocó hasta 1608, aunque solo fue publicado, tardíamente, en 1626 (Lázaro Carreter 84 y Navarro Durán). En 1605, año de la publicación de la primera parte de Don Quijote, ve la luz La pícara Justina de Francisco López de Úbeda, el primer libro picaresco de personaje femenino. Se trata de una obra de gran complejidad estilística y que contiene una rica muestra de materiales provenientes del folclor.

Establecido el corpus de textos del que vamos a ocuparnos, conviene definir la perspectiva que adoptaremos para el análisis: el de la “risa intratextual” o risa enlatada. Se trata de localizar y analizar pasajes en que los personajes del texto se ríen, de quién y cómo lo hacen. Aquellas risas dentro del texto configuran un “clima de risa” que influye en el lector tal como lo hacen en la actualidad las risas enlatadas de los programas de humor de la televisión:

No es que el autor pueda hacer reír a los lectores simplemente destacando la risa de los personajes, pero sí puede ir creando un clima de risa con sus propias características, un clima que puede ir guiando o influyendo la reacción de los lectores, un poco al estilo de los programas cómicos de la televisión norteamericana con su canned laughter (‘risa enlatada’). Al señalar la risa de los personajes, el autor evoca en nuestra mente la posibilidad de que lo que estamos presenciando es, en efecto, digno de risa (Iffland 38)

Las preguntas clave al analizar los episodios de humor de la picaresca serán: ¿quién se ríe? ¿de quién se ríe? ¿cómo se ríe? ¿qué produce la risa? La risa intratextual produce una situación comunicativa particular: la risa va en una dirección u otra, cuando no en varias a la vez. Este análisis puede arrojar interesantes ideas en torno a lo que es risible para la gente en el Siglo de Oro, cuál es el criterio para reírse de algo y los típicos motivos de la risa.

Los textos picarescos constituyen una praxis que refleja, en mayor o menor medida, una teoría que se remonta a la tradición clásica. Alonso López Pinciano, quien recogió y naturalizó muchos conceptos de la poética aristotélica y otros autores de la antigüedad en su Filosofía antigua poética (1596) sostenía que “el fundamento de la risa es la fealdad y torpeza” (III, 33), con lo cual no hacía más que romancear el viejo adagio de “turpitudo et deformitas” que ya había postulado Cicerón en su tratado El orador. La idea básica de este precepto de la comicidad aurisecular es que una persona, objeto o situación son más ridículos cuanto más disformes (tanto en sus acciones como en sus pensamientos y aspecto físico) sean. A su vez, el material risible puede clasificarse en cinco categorías, de acuerdo con el ámbito en el que se inscribe (Jammes 3-4):

  • Lo disparatado: se trata del humor propio de bufones o bobos, en el que se incluyen las simplezas o necedades. Caen en este terreno las “coplas de disparates”. Este es el humor que hallamos, por ejemplo, en los niños, cuya ignorancia sobre el mundo produce reflexiones que a los adultos nos resultan cómicas.
  • Lo descompuesto: cuentos de borrachos, personas que se caen, defectos físicos, etc. La Floresta española de Melchor de Santa Cruz tiene secciones dedicadas a cada uno de estos personajes típicos. Un texto satírico como La vida de corte de Quevedo abunda en ridiculizar defectos físicos y morales.
  • Lo escatológico: se trata del humor estrictamente carnavalesco, el que se enfoca en los flatos, excrementos y otras inmundicias corporales. En la cultura carnavalesca estos elementos se asocian con el ciclo de la vida, en la medida en que recuerdan que la materia se corrompe, se degrada y vuelve a la tierra, que a su vez genera nuevos frutos.
  • Lo picaresco: los robos, estafas y mentiras en que consisten las aventuras de los pícaros. Estas acciones están siempre recubiertas por un lenguaje que resalta el ingenio del pícaro, un talento especial que produce la admiración del lector, frente a las víctimas que suelen quedar como tontas o castigadas por vicios particulares, como la codicia o la soberbia.
  • Lo erótico: chistes “verdes” en torno a la sexualidad. Recuérdese que el erotismo en el Siglo de Oro es indesligable de la comicidad. Una antología como la Floresta de poesía erótica del Siglo de Oro ilustra este hecho: la exaltación del placer sexual forma parte de la cultura festiva y carnavalesca.

Ahora bien, ¿qué sentido tiene la risa? ¿cuál es su función social? ¿Para qué sirve? Para R. Jammes, la risa era un acto subversivo: “La risa es rebelión contra el orden” (9). Así, la risa representa los antivalores (la escatología, el robo ingenioso, etc.) y los celebra frente a los valores hegemónicos (la justicia, el trabajo duro, etc.). Pero esta risa subversiva, siempre según R. Jammes, tenía su contraparte, la risa “conservadora”, aquella practicada contra los villanos, los judíos, los comerciantes, etc.

En realidad, esta división entre risa subversiva y risa conservadora resulta muy rígida (ya que no consideraba la ironía, por ejemplo) y por ende no resulta completamente operativa para la diversidad de textos auriseculares. En su estudio de la comicidad en la poesía de Quevedo, Ignacio Arellano observó que la condición “subversiva” o “conservadora” de un chiste dentro de un texto determinado dependería mucho más del enunciador que del “valor” o “antivalor” del que se ocupase; de forma que según quien hable en un poema o narración, el texto podría ser ideológicamente crítico o no (28-32). A causa de esto, no es posible definir los límites entre una risa “conservadora” y una “subversiva” a partir de temas a priori, sino estudiar el marco de enunciación de un chiste y observar su función específica dentro de un texto. Con esto en cuenta, la función social de la risa resulta un campo abierto y siempre discutible, según la perspectiva crítica que se abrace y el texto que se esté analizando. La función y, a la larga, el significado de la risa depende en gran medida del contexto enunciativo.

Debido a que la risa intratextual se estudia a partir de pasajes clave, nuestro comentario privilegiará la lectura atenta o close reading. De esa forma, nos enfocaremos en episodios cómicos, al margen de las lecturas orgánicas o generalizadoras de las novelas como un todo. Nuestra perspectiva no es por ello necesariamente reduccionista: un pasaje establece horizontes de lectura, unas expectativas que modelan a un lector diseñado por el propio texto. Proponemos entonces una lectura en microscopio, cuyos resultados pueden iluminar el funcionamiento de las novelas: estos fragmentos nos ofrecen síntomas de lo que ocurre en los textos de forma general, al revelarnos su mecánica narrativa.

Una última advertencia en torno a la naturaleza de los textos picarescos que estudiamos. Es una tentación para el público moderno leer novelas picarescas como si se tratase de exponentes del realismo, tendencia ficcional propia del siglo XIX. Cervantes, Mateo Alemán y cualquier otro escritor del XVII practicaban una mímesis o representación basada en la verosimilitud, dentro de las convenciones genéricas de la época (Martínez-Bonati 32-35). A este carácter de ficciones verosímiles, debemos añadir que los textos picarescos a menudo inciden en la representación de una realidad grotesca, es decir exagerando su aspecto deforme o caótico, con fines cómicos. Esta dimensión grotesca a menudo está vinculada a un núcleo narrativo básico que se conoce como burla, la chanza o engaño al que se somete a alguien para ridiculizarle. En el Siglo de Oro, la burla era una práctica social que se inserta en la cultura carnavalesca (Joly). Los textos picarescos están surcados por burlas sucesivas, con todo tipo de resultados para el pícaro (ora víctima ora victimario).

Bibliografía

Arellano, Ignacio. Poesía satírico-burlesca de Quevedo. Pamplona: Eunsa, 1984.

Iffland, James. De fiestas y aguafiestas. Risa, locura e ideología en Cervantes y Avellaneda. Madrid-Frankfurt am Main: Iberoamericana- Vervuert, 1999.

Jammes, Robert. “La risa y su función social en el Siglo de Oro”. Risa y sociedad en el teatro español del Siglo de Oro. París: Centre National de la Recherche Scientifique, 1980. 3-11.

Joly, Monique. La bourle & son interprétation. Toulouse: Université de Toulouse-Le Mirail, 1982.

Lázaro Carreter, Fernando. Fernando, “Originalidad del Buscón”. Estilo barroco y personalidad creadora. Madrid: Cátedra, 1992. 77-98.

López Pinciano, Alonso. Filosofía antigua poética. Ed. Alfredo Carballo Picazo. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1973. 3 vols.

Martínez-Bonati, Félix. “Cervantes y las regiones de la imaginación”. Dispositio 2.1(1977): 28-53.

Navarro Durán, Rosa. “Más datos sobre la fecha de escritura del Buscón”. La Perinola. Revista de investigación quevediana 10(2006): 195-208.

Anuncios

Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La risa y la burla en la novela picaresca (I): corpus y teoría de la risa

  1. Pingback: La risa y la burla en la novela picaresca (y IV): El Buscón | Oro de Indias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s