“Historia de Cifar y Camilo” de Edgardo Rivera Martínez

En el estudio de la narrativa peruana, la dicotomía entre Perú profundo y Perú oficial, de costa y sierra, parece exigir que cualquier aspirante a escritor caiga en alguna de las dos etiquetas al uso: andino o criollo. Edgardo Rivera Martínez es un narrador que, por procedencia y mundo representado, se considera andino en la historiografía, pero tiene algunos cuentos ambientados en Lima que no dejan de tener interés. De hecho, un cuento como “Historia de Cifar y Camilo” es notable y encierra una serie de sutilezas que hacen su lectura deleitosa.

El título remite a los dos personajes principales. El primero, Cifar, es un gato descrito con superlativos absolutos (“blanquísimo” y “lindísimo”), que vive en una casona de Barranco impresionante para el narrador, un adolescente llamado Camilo. El cuento empieza con el hallazgo sorprendente del felino, que resulta una presencia extraordinaria, por lo elegante y enigmático que se muestra a Camilo y su hermana. Poco a poco, vamos adentrándonos al mundo de Camilo, un joven soñador cuya familia (sus padres y cuatro hermanos) es pobre y lucha para llegar a fin de mes. Resulta evidente, a este respecto, el contraste entre el espacio donde conoce a Cifar, que le parece fastuoso, y su propio entorno, marcado por la pobreza. Por ello, el gato lo tiene hechizado. Similar atracción, aunque con sentido más práctico, siente su hermana, Cata, quien le propone hurtarlo para apropiarse de algo de esa magia y elegancia (como que sueña con provocar envidia a las vecinas por ese gato “tan pituco”). 

La incursión de los muchachos al palacio de Cifar no sale mal, ya que son admitidos por la sirvienta, que les permite jugar con el gato por un momento, hasta la llegada de la dueña de la casa. Esta es una mujer evidentemente rica, llamada Ivonne, que los echa pensando lo peor de ellos. Tras esa experiencia, que Camilo encuentra razonable (dado el abismo entre ellos y el felino), no deja de soñar con Cifar y se propone aprender el origen de ese nombre tan raro. Un profesor de su escuela lo instruye: el nombre proviene de un libro de caballerías, ese género narrativo que tanto le gustaba a don Quijote de la Mancha. A Camilo nada de lo que le explica le suena siquiera familiar, por lo que piensa en ir a la biblioteca para saber más. Sin embargo, antes de que pueda hacerlo, es abordado por el chófer de Ivonne, el que lo recluta para ir a jugar con Cifar, pues su conducta parece indicar que extraña al muchacho. 

Lo que sigue es una extravagante oportunidad de trabajo, por la cual Ivonne acaba por pagar a Camilo para que vaya a jugar con el gato. La oferta aparece en el mejor momento, considerando que el padre del adolescente ha perdido el empleo. Incluso, el padre de Camilo alienta que acepte el trabajo en casa de Ivonne y que descarte el de vender cigarrillos en el cine, porque vislumbra que será más duradero. Las siguientes semanas, Camilo pasa tiempo con Cifar y goza de una vida diríase palaciega junto a él, ya que recibe las atenciones de la sirvienta (una mujer de raza negra llamada, irónicamente, Nieves), la cual lo regala con “galletas inglesas y chocolates suizos”, en medio de tardes crepusculares barranquinas con vistas al mar. Este periodo dichoso acaba, no obstante, cuando Ivonne y Cifar desaparecen, sin anunciarlo, para hacer un viaje a Estados Unidos. Tras recuperarse de la sorpresa, Camilo se siente defraudado, francamente burlado, considerando que descartó otro trabajo, mucho más convencional y seguro, para estar cerca de Cifar. Ante el chasco, sus padres intentan aleccionarlo con resignación, mientras sus hermanos se mofan de lo que le ha ocurrido. Camilo, por su parte, no deja de soñar con la compañía de Cifar y fantasear con toda la belleza que había traído a su vida, aunque fuese por un tiempo tan breve.

La clave del cuento se encuentra, más que en la alusión al medieval Libro del caballero Zifar (de donde, en efecto, provendría el nombre del gato), en la referencia a don Quijote. Lo digo porque el Zifar no se menciona en la novela cervantina. Como don Quijote, Camilo es un soñador y de extracción humilde (el manchego era un hidalgo pobre y vivía en una aldea), por lo que su fascinación frente el entorno de Cifar no es muy lejano al que tenía el protagonista cervantino cuando, en la segunda parte de la novela, es acogido por los duques. Estos últimos son aristócratas que se divierten a su costa y se aprovechan de él, sometiéndolo a toda clase de burlas, aunque lo consienten y ofrecen comodidades que nunca había gozado. La desaparición de Ivonne y el chasco laboral de Camilo es lo más cercano a una de esas derrotas de don Quijote, en las que se golpea de frente con la realidad, pero que no aniquilan en él el deseo de la fantasía. Si quedan dudas de la conexión entre Camilo y don Quijote, traigo a cuento el origen del nombre del muchacho: Camilote era el hidalgo extravagante y enamorado que aparece en el libro de caballerías llamado Primaleón (1512). Dámaso Alonso, en un artículo clásico (“El hidalgo Camilote y el hidalgo don Quijote”), planteó las semejanzas entre Camilote y don Quijote, partiendo de la semejanza fonética, a la que se suman algunos episodios que los aproximan, especialmente en lo concerniente a cómo ambos son burlados por figuras de autoridad. Finalmente, hasta el inicio del título del relato (“Historia”) evoca el que suele caracterizar las narraciones caballerescas, que eran llamadas tanto “libro” como “historia”.

Finalmente, desde la perspectiva de los estudios de animales, el cuento de Rivera Martínez se apoya en la caracterización, de origen romántico, del gato como un ser enigmático, distinguido e intrínsecamente bello. La blancura de Cifar, en ese sentido, resalta su singularidad, su condición de criatura extraordinaria, en un contexto, como el de Camilo y su familia, que está marcado, comprensiblemente, por lo cotidiano y por la asociación, tradicional, de pobreza y suciedad. Si bien el gato no alcanza a ser un símbolo de la soledad de Ivonne (que hubiera sido lo presumible), los personajes a su alrededor tienden a infantilizarlo, por lo que, junto a Camilo, Cifar se asemeja a un pobre niño rico. Ivonne lo trata como una posesión, lo cual la hace más antipática de lo que ya es por la manera en que trata a Camilo y su hermana. Lo que para Camilo es la mayor virtud y belleza de Cifar, su silencio y aparente indiferencia frente al mundo (como si estuviera por encima de todo), es al mismo tiempo lo que provoca en Ivonne y todos los que viven en la casa su mayor intriga y desasosiego, ya que la vida de la casona parece girar alrededor del gato. Finalmente, la sutil ridiculización que emprende el narrador del cuento de los personajes de la casona y de todos aquellos que desvalorizan su relación con el gato, es la que hace que el lector acabe por abrazar el hechizo que Cifar ejerce sobre Camilo y convertirlo en una imagen memorable de la fantasía de un adolescente idealista.

Publicado por orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis

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