La obra completa de Mateo Alemán: obra varia

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Primer volumen de la obra completa de Mateo Alemán (Iberoamericana, 2014)

Francisco Rico definió a Mateo Alemán (1547-1614) como “el novelista olvidado”. A nuestro pesar, sigue siendo así: el sevillano no es conocido (ni siquiera por su nombre) por el gran público, pese a que fue uno de los más mejores prosistas del Siglo de Oro y que, junto a Cervantes, contribuyó a sentar las bases de la novela moderna. El profesor Pedro Piñero se propuso, alrededor de 1999, cuando se cumplió el cuarto aniversario del Guzmán de Alfarache, la gran novela solo comparable a Don Quijote, organizar y dirigir la edición de la obra completa de Mateo Alemán. La labor tomó muchos años y solo ahora, quince años después, podemos tener entre las manos y apreciar el producto de este magnífico trabajo de equipo, dirigido por Pedro Piñero y Katharina Niemeyer. Dispuesta en tres tomos, el primer volumen de La obra completa está conformado por textos diversos que configuran lo que los editores han venido a llamar Obra varia. En esta entrada comentaré dicho volumen y me reservaré futuras entradas para cubrir los otros dos tomos: el segundo es la edición de San Antonio de Padua y el tercero configura la edición del Guzmán de Alfarache. La introducción de este primer volumen, que configura a su vez la introducción general de la obra completa, se abre con el espléndido estudio “Los retratos de Mateo Alemán”, a cargo de Pedro Piñero, que reemplaza de forma creativa el tan manido “vida y obra” que es moneda común de este tipo de proyecto. A este ensayo le siguen una rica “cronología” (a cargo de Piñero y Marciala Domínguez García) y, por último, una bibliografía extensa sobre Mateo Alemán (confeccionada por Domínguez García).

Este volumen de Obra varia agrupa una serie de textos que revelan el carácter polifacético, además de la vocación intelectual, de Mateo Alemán. Una primera impresión, que salta a la vista del lector curioso al tener contacto con estas páginas, es que el sevillano tiene un estilo particular y que lo aplica a todos sus textos (con la excepción del Informe secreto ya que no lo pergeñó él). Me atrevo a decir que, en términos estrictamente de estilo, Mateo Alemán escribe mucho mejor que el propio Cervantes dentro de los márgenes del Siglo de Oro. No es coincidencia que el sevillano aparezca citado tantas veces por Gracián en su Agudeza y arte de ingenio como modelo estilístico, en tanto Cervantes queda sumamente rezagado en ese aspecto para los entendidos de su tiempo (aunque al alcalaíno nunca deja de elogiársele la invención, palabra clave de la poética narrativa áurea). Los textos de la Obra varia nos confirman este riguroso y prolífico estilo alemaniano, con sus juegos de ingenio (donde el calambur y el zeugma son recursos favoritos) y tal eufonía que provocan leerlo en voz alta.

La Obra varia arranca con los “escritos menores”, encabezados por las dos odas de Horacio traducidas por Alemán, editadas siguiendo el texto de Foulché-Delbosc que también hemos difundido en este blog. Le sigue el soneto de Mateo Alemán a Vicente Espinel, ingeniosa composición en torno a la sífilis; se incluyen también las dos cartas que publicó en su momento Edmond Cros (Protée et le gueux) y cuyo texto base se sigue (la carta sobre la beneficencia con alusión al Guzmán y la otra sobre la amistad); el prólogo de Alemán a los Proverbios morales de su amigo Alonso de Barros; y el elogio a la Vida de San Ignacio de Loyola de Belmonte Bermúdez.

A continuación, se publica la Regla de la cofradía del Dulcísimo Jesús Nazareno, que Alemán compuso a pedido de sus hermanos cofrades en 1578. De este texto, cuyo tono es generalmente convencional, destaca la sección sobre el cuidado que merecen los presos, ya que revela el aspecto más humanitario de nuestro autor. Unos años más tarde, en 1593, Alemán, nombrado juez para averiguar el estado de las minas de Almadén, demostrará esta sensibilidad hacia los caídos en desgracia: el Informe secreto que le encarga la Corona es un documento legal, transcrito y por ende empapado totalmente del tono notarial de un escribano que lo acompaña, en el que apenas se vislumbra la figura del escritor. Sin embargo, leyendo las miserias de esos personajes infames, condenados por crímenes ruines, a trabajar en condiciones durísimas en las minas de mercurio (donde muchos morían azogados) es comprensible que Mateo Alemán haya escrito la autobiografía falsa de un galeote, un criminal que ahora padece el castigo por una trayectoria viciosa. Incluso como mero documento curioso, el texto nos ilustra sobre la formación de Mateo Alemán y hasta explica, parcialmente, el origen del Guzmán de Alfarache.

Las dos siguientes obras, de mucha mayor envergadura y relevancia que las ya mencionadas, son la Ortografía castellana (1609) y los Sucesos de Fray García Guerra (1613). Estos textos han sido editados por Francisco Ramírez Santacruz, quien realiza su labor con una solvencia y una pasión que se ponen de manifiesto en sus textos introductorios y notas. De hecho, Ramírez Santacruz nos propone toda una manera de leer la Ortografía castellana: como un libro de memorias, en que Alemán reflexiona sobre la educación recibida en medio de episodios de su aprendizaje literario. Además de esto, que parece acertado, también debemos resaltar de la Ortografía castellana su afán reformador; otro ejemplo del compromiso intelectual de Mateo Alemán frente a la sociedad de su tiempo. Por último, los Sucesos de Fray García Guerra configura un texto de corte elegíaco en torno a aquel arzobispo que fue protector de Mateo Alemán a su llegada a México. Los Sucesos se cierran con la Oración fúnebre, un planto en la tradición de las coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique o el discurso de Pleberio al final de La Celestina. Los Sucesos y la Oración suponen el testamento literario de Mateo Alemán, su canto de cisne, como gustaba decir Francisco Márquez Villanueva. El sevillano, gracias a su talento literario, hace de un texto de circunstancias (del tipo que abunda en las letras coloniales) un testimonio de afecto sincero, de profundas reverberaciones bíblicas y honda inspiración ascética.

Los criterios de edición de La obra completa de Mateo Alemán propugnan la modernización respetando la fonética (como en parte lo propugnaba, con sentido común, el propio Mateo Alemán en su Ortografía), así como la uniformización de las vacilaciones típicas del Siglo de Oro (la oscilación de mismo mesmo, por ejemplo, se simplifica en mismo y así por el estilo). Las notas explicativas en este primer tomo son robustas y solventes. En torno a la fijación textual, especialmente en La ortografía castellana y Sucesos de Fray García Guerra, se ha llevado a cabo un examen y cotejo de ejemplares para ofrecer los textos más depurados. El volumen de Obra varia constituye desde ya un recurso indispensable para el especialista en Mateo Alemán y en la prosa áurea en general.

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Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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