Tras las huellas del Inca Garcilaso de la Vega

img-915120017-0001Como es de todos sabido, el método historiográfico del Inca Garcilaso de la Vega incorpora la filología como herramienta para esclarecer el pasado. Desde el prólogo a los Comentarios reales, Garcilaso declara cómo los cronistas españoles han distorsionado la historia del Perú a causa de su desconocimiento del quechua, la “lengua general” del imperio incaico. Frente a este desconocimiento, el historiador mestizo se erige como autoridad en el manejo de esa lengua, lo cual le ayudará a desentrañar la organización política, económica y social de sus antepasados. Este saber lingüístico, que lo distingue, será la piedra base del edificio que constituye su obra histórica. La autoridad de Garcilaso, basada en su bilingüismo, se mantuvo incuestionable por siglos, debido a su condición de clásico, pero también probablemente por el hecho de que no existían expertos en lenguas andinas que poseyeran herramientas científicas para abordar el estudio y la crítica sesuda de sus textos en lo que al quechua se refiere.

Rodolfo Cerrón-Palomino, lingüista especializado en quechua, aimara y puquina, tres de las principales lenguas andinas, ha publicado Tras las huellas del Inca Garcilaso. El lenguaje como hermenéutica en la comprensión del pasado. Se trata de una recopilación de ocho ensayos, que ha venido publicando desde 1991, en torno al quechua de Garcilaso en los Comentarios reales. Gracias a su profundo conocimiento de estas lenguas, su evolución y el contacto entre ellas, el profesor Cerrón-Palomino nos brinda un examen riguroso, preciso y esclarecedor del papel del quechua en Garcilaso y de los reales conocimientos del mestizo en torno a aquella lengua “que mamó en la leche”. Entre los varios hallazgos, se explora cuál era aquella “lengua particular” que los incas hablaban solo entre ellos y nadie más entendía (el puquina, que ya estaba en vías de extinción a la llegada de los españoles), las coincidencias entre Garcilaso y las normas ortográficas del Tercer Concilio Limense (¿cómo llegó a conocerlas el Inca desde España?) o el origen de algunos gazapos del Inca cuando intenta, en vano, desvelar etimologías que no poseen raíz quechua.

El Inca Garcilaso era un hombre de su tiempo y no era ajeno a los prejuicios sociales y lingüísticos. Como resultado, está convencido de que el quechua con el que tuvo contacto de niño, el de sus parientes indígenas cuzqueños, es el paradigma desde el cual evaluar la lengua. Este es el quechua “elegante” y “cortesano”, que fuera del Cuzco, en boca de indios costeños o de españoles se encuentra “corrupto”. Sostiene Cerrón-Palomino, con razón, que el Inca Garcilaso ejerce un cuzcocentrismo y una actitud aristocrática frente al quechua que es reflejo de las ideas renacentistas en torno a la lengua. El mismo criterio de “lengua cortesana” es el que blande Juan de Valdés en el Diálogo de la lengua para determinar si algo está bien o mal dicho, siempre juzgando desde su “castellano de Toledo”. Así, Cuzco y Toledo son centros de cultura y cortesanía que irradian una preceptiva, que portan consigo los que son nacidos en esas ciudades.

Una nota aparte merecen los profundos análisis de toponimia andina que alberga Tras las huellas del Inca Garcilaso. La perceptiva de Cerrón-Palomino separa el trigo de la paja: descarta etimologías populares, evalúa propuestas anteriores y propone hipótesis sensatas. En estas páginas, el autor ilustra el método filológico y demuestra su vigencia. Con ello, honra la figura del Inca Garcilaso, dialoga con él respetuosamente, reconoce sus hallazgos, lo matiza y hasta puede refutarlo. Así, Cuzco significa, en realidad, “peñón donde se posó el halcón”, en referencia a la transformación en ave de Ayar Auca, uno de los cuatro hermanos que, según el relato mitológico, buscaban un lugar donde fundar la ciudad. Se trata de una palabra de origen aimara, como tantas otras palabras del quechua. El Inca Garcilaso, con el quechua escuchado en sus niñeces, no podía llegar más allá. De hecho, pocos hablantes de quechua de la época podían conocer este significado. Garcilaso, frente a su desconocimiento, optó por la creatividad que le permitía su formación en libros: Cuzco es “ombligo del mundo”, apelando a la vieja y prestigiosa metáfora del mundo como reflejo del hombre (quien era a su vez un microcosmos, véase El pequeño mundo del hombre de Francisco Rico). El mundo incaico, el imperio, posee figura humana y su centro es Cuzco, el ombligo. Garcilaso estaba rindiendo tributo a su educación renacentista.

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2 respuestas a Tras las huellas del Inca Garcilaso de la Vega

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