Hugo Fontana y “La piel del otro”

hugo fontanaHugo Fontana (Toledo, Canelones, 1955) es uno de los escritores contemporáneos más interesantes del Uruguay. Considerado un continuador de la narrativa regional, en la senda de Juan José Morosoli y Francisco Espínola, los personajes de Fontana provienen del campo o son de extracción provinciana. A él pertenecen libros como El crimen de Toledo (1999), La última noche frente al río (2006), que ambienta sus hechos en el mundo ficcional onettiano, y la sumamente recomendable Veneno, publicada en España en 2000. En esta ocasión, comentaré su ambiciosa novela La piel del otro. La novela de Héctor Amodio Pérez (2001), a la que le tenía gran curiosidad desde mucho tiempo atrás.

Para empezar, una breve introducción para lectores no uruguayos o ajenos a la historia del país oriental: Héctor Amodio Pérez es uno de los personajes más misteriosos y fascinantes de la historia reciente del Uruguay y su trayectoria se enmarca en los años de lucha del MLN-Tupamaros contra el gobierno. Una lucha que empezó en los tempranos 60 y hacia 1973 se encontraba en declive, con sus cabecillas capturados y el terrible costo de una dictadura cívico-militar que apenas empezaba. En el lapso de una década, el MLN demostró el poder y efectividad de una guerrilla urbana –fenómeno inusitado en el continente, que asociaba hasta entonces las guerrillas con movimientos del campo a la ciudad, como ocurrió en Cuba-, con golpes contundentes y ciertamente espectaculares, como la fuga de la cárcel de Punta Carretas en 1971. Entre los Tupamaros, Héctor Amodio Pérez era uno de “los cinco”, los líderes históricos (ahora casi legendarios) que gestaron el MLN: Raúl Sendic (el ideólogo mayor), Eleuterio Fernández Huidobro, Julio Marenales, Juan Maneras y el propio Amodio, especializado en acciones militares. Ya en la clandestinidad, con capturas, fugas (dos veces, aunque la versión oficial es que hubo una tercera), balaceras y persecuciones en las cloacas (los tupamaros se escabullían en las redes del alcantarillado de Montevideo), algo ocurre con Héctor Amodio. Discrepancias con otros líderes, hábitos extraños y actitudes sospechosas, producen la desconfianza entre sus compañeros. Después de la fuga de Punta Carretas, Amodio se radicaliza y a partir de entonces su figura se difumina más y más, hasta hacerse humo.

la piel del otroLa novela se constituye de fragmentos, de retazos de historias y discursos: testimonios, documentos, noticias, monólogos interiores, pasajes del Infierno dantesco, etc. Se nos abre un abanico de voces, incluida la del propio Héctor Amodio, con lo cual se crea un efecto coral que niega la existencia de una verdad unívoca y precisa, por lo que se nos propone más bien versiones, interpretaciones, hipótesis, chismes y trascendidos. Héctor Amodio Pérez se identifica entonces con Judas. Como este, es un infame y acapara para sí todos los odios, el de sus compañeros de armas (que le achacan su derrota) y el de las fuerzas del orden (que lo habrían utilizado y luego despreciado por traidor). Pero su imagen, aunque infame, obsesiona: ¿por qué lo hizo? ¿fue un traidor desde el inicio o fue tentado en plena guerra? Al final, solo quedan más preguntas que respuestas, todo es incertidumbre: ¿quién era realmente Amodio, un infiltrado, un traidor, un solitario? ¿Dónde está? ¿Por qué se oculta? Dicen que lo han visto en Uruguay, en España, en Nicaragua, en Estados Unidos, en Argentina… incluso hay quien dice que era un agente judío del Mossad y que vive en Israel.

La piel del otro nos sumerge, entonces, en un mundo clandestino, de murmullos, verdades a medias y ecos literarios (con Dante y la propia Biblia de fondo) en torno a un personaje difuso, polémico y del que aún se habla con suma intriga, hasta el punto de constituir un mito de la historia reciente uruguaya. En ese aspecto, la novela puede ser difícil de seguir si no se cuenta con un mínimo de información histórica en torno al MLN y el contexto de su aparición. Una orientación básica y que puede servir también para provocar curiosidad en torno a sus principales hechos, es el documental Tupamaros: la fuga de Punta Carretas, que va aquí debajo.

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Acerca de orodeindias

Disce, puer, uirtutem ex me uerumque laborem, fortuna ex aliis
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8 respuestas a Hugo Fontana y “La piel del otro”

  1. Javier dijo:

    Hugo Fontana es un muy buen escritor. Quizá el mejor de los escritores uruguayos vivos tras el fallecimiento de Ricardo Prieto. Pero decir que es un continuador de la narrativa regional al estilo de Espínola o Morosoli, solo puede querer decir una de estas dos cosas: o el autor de este blog nunca leyo a Fontana o el autor de este blog nunca leyó ni a Espínola ni a Morosoli.

    Una tercera opción es que piense que porque Fontana tome como escenario su Toledo total, eso implica que sus historias tienen el mismo escenario y las mismas características que las obras de Morosoli y de Espínola. Pero eso sería adjudicarle alguna dificultad de comprensión lectora entre otras confusiones.

    • orodeindias dijo:

      Estimado Javier: me inclino por la tercera opción: simplemente apunto al rasgo común (el interés por representar el mundo provinciano o rural) a los tres autores señalados. Quizás los términos “émulo”, “continuador” o “seguidor” no te resulten convincentes para apuntar este detalle común que es ya tópico para introducir la obra de Fontana. El objetivo de la entrada es invitar a su lectura y no he hecho más que recoger una idea básica que puede (y debe sin duda) matizarse cuando se trata de hacer deslindes críticos a través de tendencias estéticas y corrientes histórico-literarias. Pero una entrada de blog como esta no es el lugar más adecuado para sumergirse en esos médanos. Un ejemplo similar puede ser ilustrativo: en la región andina se consideran autores indigenistas a Clorinda Matto de Turner, Jorge Icaza, Ciro Alegría y José María Arguedas, aunque los cuatro son bien distintos tanto en estilo como en ideología y se han escrito innumerables estudios planteando esas diferencias. Un estudio a conciencia de Fontana naturalmente abundará en encontrar las particularidades y discrepancias que su obra posee con Espínola y Morosoli (a quienes he tenido el gusto de leer).
      Lamento la confusión de expectativas, así como el ligero tono de mala leche que percibo al final de tu comentario (discúlpame en todo caso si no es así y también estoy leyéndote mal a ti). Saludos cordiales y gracias por leer y participar, F.

  2. carolina cucurella dijo:

    yo dijo que el que escribio esto esta bueno pero realmente es lo que pienan ustedes no lo que pasa pero estre señor y esta historia es la verdadera asi que gracias por escribirla!!!

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